Two Moments For You: Chapter 2

La nieve puede descansar ya
Ya estaban los tres listos para marchar a aquella cena.
-Nami-chan, estás preciosa -le dijo su padre, dándole un pequeño beso en la frente y sacándole una sonrisa dulce a su hija. Pero un carraspeo de Ran lo hizo volverse de nuevo, con una sonrisa entre divertida y apurada-. Tú también estás hermosa...
Shinichi las hizo meterse a ambas en el coche azul oscuro metálico, no sin antes acercarse a Ran cuando Nami no podía verlos para susurrarle una palabra al oído para acabar la frase que había dejado a medias: 'amor'. Un sentimiento que había aguantado dieciocho años. Mucho tiempo, y sin embargo, esa palabra tenía la misma fuerza que al principio. Amor.
-¡Mamá, papá, venga, vamos! -exclamó Nami dentro del coche. Inocente, sin comprender el amor de segundos valiosos.
Para aparcar en el restaurante tradicional Gyokuro, no hubo problemas. Aquel lugar, sin lugar a dudas, era caro, pero... ambas familias podían permitírselo. No por nada Tatsuya Nagano no era sólo 'policía', sino que era el Jefe de Policía de Beika y Shinichi Kudo el mejor detective del Este. Y sin embargo, para Nami, aquellas cosas tenían tanta importancia como la política del país (aunque para eso también tuviera su opinión). Ella sólo tenía un pensamiento cuando entraron al restaurante y nada tenía que ver con la familia Nagano o la buena economía de la suya para poder entrar allí tan tranquilamente:
“Yo quería ramen”
Una camarera vestida con un kimono sencillo de color ciruela los acogió a la entrada, guiándolos a traves del restaurante hasta una sala donde según les había dicho, estaban esperando ya.
-Papi, papi, ¿aquí podré comer ramen? -murmuró la chica colocándose a espaldas de su padre pero lo suficientemente cerca para poder decirle eso después de tirarle un poco de la chaqueta.
-Creo que sería mejor que pidieras otra cosa, pequeña -contestó Shinichi , riéndose también por lo bajo. Nami soltó un 'moo' un poco más alto de lo que debería. No podría ser, entonces... pediría un montón de sushi para compensar. Esa idea la animó a alzar la cabeza y sonreír a la gente que comenzaba a presentarse delante de ella.
-¡Kudo! -el señor Tatsuya se acercó a su padre, con una sonrisa, para estrecharle la mano, mientras Ran y su mujer se saludaban con una reverencia y Nami hacía lo propio también, con una sonrisa amplia. Aquellas personas... parecían agradables. A lo mejor haber ido a la cena esa no estaba tan mal.
Y luego...
Se presentó él.
-Soy Nagano Yuuya. Encantado de conoceros -al igual que su padre estrechó la mano al de Nami e hizo una reverencia a Ran y a la chica. Nami le sonrió.
-¿Tú eres Yuuya? -dijo, en tono alegre y Yuuya la miró interesado pero respondiendo a su sonrisa. Si Nami sonreía... era difícil no responderle. Pero cuando Nami lo señaló con el dedo, la cara de Yuuya mostró desconcierto-. ¡Tienes los ojos verdes!
Unos ojos verdes que le llamaban la atención. Obviamente, no iba a ser su cuerpo esbelto o su pelo castaño y alborotado en lo que se fijara... tenían que ser sus ojos. Azules los de Nami, verdes los de Yuuya. Como un paisaje de tierra y mar.
-Eso es un halago, ¿no? -se rió el chico.
-¡Claro! -sonrió Nami, riéndose también.
La cena comenzó así, animada desde el principio. Los temas de conversación no paraban de viajar de un lado para otro: desde el trabajo al tiempo y luego saltaba hasta ambos chicos que se sentaban uno al lado del otro.
-Nami-chan parece comer mucho, ¿no? -comentó la madre de Yuuya viendo como la chica se servía otro trozo de sushi con los palillos y se lo metía entero en la boca.
-Mmm... -Nami se tapó la boca con la mano esperando poder decir algo decente tras masticar-. ¡Es que está muy rico!
-Pero aún está muy delgada, no sé como lo logra -suspiró Ran, pero con una sonrisa-. A veces, da envida.
Todos se echaron a reír cuando Nami puso cara de no entender mientras volvía a servirse del plato. ¿Tenían envidia de que estaba delgada? ¡Ni que ella se esforzara por estarlo! Comía muchísimo y si le dejaran, a kilos.
Al salir del restaurante, se dejó un instante y cerró los ojos, cansada. Era tarde y al final no había llamado a Yuki. Otra oportunidad que había perdido. ¿Estaría despierto si lo llamaba en ese momento? ¿O lo despertaría ella? Abrió el móvil y empezó a teclear un mensaje, pero se quedó a la mitad. ¿Sí o no? A lo mejor se enfadaba con ella por llamarlo... tenía que levantarse temprano para ir a trabajar... ¡pero Yuki era Superman, no tenía que dormir! Sí, sí, entonces podría mandarle un mensaje.
-¿Qué haces? -la voz de Yuuya le sorprendió a su lado, cerca pero a distancia prudente... por ella y por sus padres. Aunque si conociera un poco más a Nami, tal vez no le hubiera importado saltarse aquella distancia. Total... Nami nunca se enteraba de nada, no entendía de distancias.
-Le estoy mandando un mensaje a mi amigo Yuki -sonrió la chica.
-Ah, tu amigo... -Yuuya esbozó también una leve sonrisa.
-Sí, es como mi hermano. ¡Siempre me protege! Una vez, el año pasado, aguantó toda una pared encima suya para protegerme.
-Vaya, debe de ser fuerte -Nami volvió a sonreír, satisfecha y orgullosa porque Yuuya reconociera esas cosas de Yuki-. Supongo que ser amigo tuyo implica que quieran protegerte.
Nami no entendió eso. ¿Qué quería decir Yuuya? ¿Qué a Yuki le hacía gracia soportar todo aquel peso porque era su amigo?
De repente, la mano de Yuuya agarró la suya, quedándose enfrente de la chica. Los padres de ambos ya se habían marchado y Nami miró al chico algo perdida.
-¿Podría ser yo también tu amigo?
Y a pesar de estar completamente perdida, Nami volvió a sonreír dulce e inocente.
-¡Claroo!
Las olas del mar la llevará a la orilla
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