Two Moments For You: Chapter 1
La nieve cae plácida entre las olas del mar.
Aquel beso... ¿qué habría pasado si no llegara a suceder aquel beso? Si todo, esa hermosa historia de amor que se estaba formando, no empezara con ese tierno beso... quizás todo hubiera sido distinto.
Los párpados con largas pestañas fueron abriéndose poco a poco, haciendo aparecer un bonito color azul claro como el color de un mar del sur. Pero enseguida volvieron a cerrarse en un bostezo mientras la chica extendía los brazos al techo... estaba para foto, con esa pose tan despreocupada y ese toque inocente suyo. A veces, demasiado inocente.
-¡Buenos días! -se dijo a sí misma, mientras volvía a estirarse pero esta vez intentando alcanzar las puntas de los dedos de sus pies tapados por las sábanas blancas con flores bordadas-. ¡Es sábadoooo!
Despreocupada, como siempre. Y quien diría que hacía un año, había pasado uno de los momentos peores de su vida. Aquel callejón oscuro, aquella mirada desprovista de cariño como esos besos que no se sentían bien. Aquel daño. Pero Nami no era de las personas que les costara dejar de pensar en las cosas malas y... vivía el presente. Y el presente estaba bien y brillante como sus ojos felices. Se levantó y caminó hacia el armario para escoger la ropa, con calma, sin pensar en la hora que podía ser... bastante tarde, seguro. Nami era una despistada y una dormilona integral.
Despistes, torpeza, inocencia... todo lo que causa ceguera al corazón.
-¡Mamáaaa! ¡Eso dueleee! -gimió.
-Ah, perdona, Nami -se disculpó Ran, apartando enseguida el rizador del pelo de la cabeza de Nami-. ¿Te toqué la oreja? -Nami se llevó la mano al oído, tocándose la zona dolorida-. ¿Te quemaste? Lo siento, es difícil rizar el pelo a otra persona.
-Me quisiste peinar tú, mami. ¡Yo no quiero ir a esa cena! ¡Es sábado! ¡Y Haru no tiene que ir! Yo también quiero quedarme a jugar y dormir -se quejó, poniéndose de morros y juntando las rodillas con las manos, sentada como estaba en medio de la cocina de la Mansión Kudo.
-Nami, tienes dieciocho años... por una noche que no juegues no va a pasarte nada -suspiró su madre, volviéndose a poner con el peinado, mesando cuidadosamente el suave y castaño pelo de Nami con sus dedos. El flequillo ya lo había dado por perdido, se parecía demasiado al de ella.
La joven siguió con el ceño fruncido hasta que acabó. No estaba hecha para estar sentada sin hacer nada, simplemente viendo su peinado por el pequeño espejo que Ran había puesto en la mesa. Luego le gustaría, claro, pero sufrir sentada los leves tirones de pelo podían con ella. Quería llamar a Yuki. Desde que había empezado la universidad apenas podía verlo. Él se había hecho espacio en la policía de Beika... sorprendente. Sin estudios ni nada, lo habían admitido a la primera con pasar unas sencillas pruebas que ella también podría pasar sin dificultad. Bueno, eso... si supiera disparar.
-¿Por qué es esa cena? ¿Vamos a comer ramen? ¡Yo quiero Ramen Tonkotsu*!
-Cuando comes eso siempre te acabas pringando, Nami -le reprendió Ran, pero dejó el tema-. Vamos a comer con unos amigos de papá.
-El tito Heiji dice que estoy guapa siempre, ¿tengo que peinarme ahora porque vamos a comer con él? -empezó a dar palmadas emocionadas, soltando un gritito agudo-. ¡Vamos a ver al tito Heiji!
-No... -le volvió a corregir Ran, con una pequeña sonrisa que la chica pudo ver a través del espejo-. No son Heiji y Kazuha, son otros. La familia Nagano.
-Na... gano?
-Papá y el señor Tatsuya se conocieron por un caso. Tatsuya es policía y su mujer también. Y tienen un hijo de tu edad, pero nunca lo he visto -Ran se detuvo un momento, pensativa-. Creo... que se llama Yuuya.
-¿Yuuya? -Nami sonrió-. ¿Crees que querrá jugar conmigo?
Otra sonrisa a través del espejo.
-Por supuesto, cariño.
Y estas la acogen con amor.
*Ramen tonkotsu: El ramen más graso y calórico de todos... claro, como Nami es un palo de escoba!
[**.*Sae-chan*.**][Pero sois vos, mi amante, mi rol, mi droga, a la cual adicta estoy...]

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