Navidad: frío, nieve y... sangre
Bueno, para empezar... decir que este es UNO de mis regalos de Navidad. En realidad, espero que no sea el único, pero al paso que voy... xD Tengo aún dos oneshots más pendientes, que por culpa de los estudios y de la falta de inspiración no pude continuar. Pero ahora que es Navidad... pues me dije "tengo que acabarlos!" Y, bueno, acabe uno hoy ^^' A ver si despues de publicarlo me pongo con los otros...
Tambien quería disculparme porque hace MESES que no escribo ningun oneshot (desde Julio) y, en general, que no actualizaba yo el blog. Demasiadas cosas, y no tenía nada que publicar (ya digo, llevo MESES con varios oneshots aparcados y no tiraba de ellos). La proxima vez intentaré subir algo, aunque no sea demasiado.
Y ya sin más, vamos con el oneshot. Primero un pequeño resumen. Basicamente, la historia cuenta un día de la navidad que Yuki pasó en Nueva York despues de separarse de Nami. Esta escrito en tercera persona y con frases bastante cortas, pero... me gustó ^^' Queda bien.
Sin más:
Frío... frío y más frío. ¿Un mes? Diciembre. ¿Un día? ¿Qué importaba el día? Detalles navideños adornando toda la ciudad, escaparates, luces de colores, Papá Noel y sus duendes. Fantasías para niños, todo el mundo sabía que Papá Noel no existe. Cuentos de hadas, inventados sólo hacer sonreir a los niños. Regalos, ilusiones, sueños cumplidos.
El chico se ajusta mejor su bufanda, con una de sus manos cubiertas por guantes. Va solo. Un niño pasa corriendo a su lado, sin fijarse en él, hacia el escaparate más cercano, con ilusion, riendo, sonriendo... feliz. Quién sabe por qué ese niño estará feliz. Quizás porque ha pedido ese enorme juguete para Navidad y espera que se lo regalen, quizás porque ya lo tiene o, quizás, porque le gusta mirar. Le gustan los colores, le gustan esos juegos. El chico vuelve a guardar la mano en el bolsillo. Hace frío, la nieve a sus pies y a su alrededor lo indican. Escucha una voz femenina, habla en ingles. Llaman al niño que está a su lado. Sus pasos, los de esa mujer, se adelantan para agarrarlo de la mano, sin que eso y la pequeña bronca que le caerá despues haga desaparecer la sonrisa del niño.
Se detiene un momento y, mirando la escena, el chico siente el peso de su propia conciencia. Sería... tan fácil borrar esa sonrisa, borrar la inocencia. Solo con aquel objeto que le pesaba en el bolsillo, aquel arma que el propio diablo cargaba... que él mismo cargaba. "Asesino". Se mira en el escaparate. Una expresión fría, como la nieve.
Se da la vuelta, sigue su camino, sin preocuparse siquiera del escalofrío que le recorre con esos pensamientos, para nada buenos. Tiene cosas mejores que hacer. Un destino, una dirección... Y sin embargo va sin rumbo, perdiéndose entre las calles de Nueva York, sin importarle sus obligaciones. Tiene tiempo.
Navidad.
Pequeños copos de fría nieve empiezan a caer, por su cabello. Vuelve a nevar, otra vez. Se encoge los hombros, un intento de protegerse algo más del frío. Más copos. Se posan en su cabeza, cubriendo poco a poco su negro pelo. No demasiado. Caen suaves, y el chico apenas los siente. Nieve...
Si, eso, nieve.
El chico coge su móvil, comprueba la hora. Debería apurarse, se está haciendo un poco tarde. Acelera el paso, más calles casi desconocidas, la ciudad de Nueva York. Un callejón entre dos edificios. Está oscuro. Ropa negra, pelo negro y ojos oscuros. Espera, allí, contra la pared, protegido por aquella oscuridad. Porque no tiene otra cosa mejor que hacer salvo esperar. Una misión que había empezado desde el momento que salió de su casa. Una misión, para esa Organización en la que trabajaba. Se vuelve a encoger un poco, en un intento de entrar en calor. Se fumaría un cigarrillo, pero no le gusta el tabaco. Vuelve a mirar el reloj, impaciente. Ya es la hora, no le gustaría tener que esperar al frío.
Unas voces le distraen. Por la calle, unos metros más allá, se escuchan unas voces. Un niño pasa por delante de él, sin fijarse. La madre, detrás, le lanza una breve mirada que el chico mantiene, sin inmutarse. No le importan ni la madre ni el hijo... le importa el padre, que va unos metros más atrás. Ya no le pesa la conciencia, ya no le pesa el arma que lleva en el bolsillo. Frialdad. Nieve. El hombre se detiene, justo enfrente del chico. Le dice algo a su mujer. Inglés. El chico ni lo escucha. Una cara seria, preocupada, aparece en la mujer al oir esas palabras. Ella y el niño se van. Una última mirada. ¿Cuantos años debe de tener? Cinco. Quizás seis.
- ¡Os dije que nos dejárais en paz! - el hombre empieza a hablar, violento. Lo mira. Es joven, treinta y pocos mal conservados. Parece la cara de un hombre fracasado, sin éxito, agobiado por las deudas. Le es indiferente. Él solo tiene que cumplir una misión, no dar explicaciones.
-Yo solo cumplo órdenes.- Palabras que hacen que el hombre se ponga más violento, agarrándole por la cazadora, a la desesperada. Pero no le afecta, no se inmuta, no le da miedo. Cosas peores ha vivido. - Y aún no devolviste el pago. - Deudas... Este hombre le debía demasiado dinero a la Organización, y la Organización no tolera esas actitudes. Eficiencia, disciplina, puntualidad... Si, esas eran las exigencias de la Organización.
-¡Les dije que necesitaba tiempo! ¡Yo...! - palabras vanas... Se calla al sentir el cañon de la pistola en su abdomen. Se separa, con miedo. Se asegura. Sí, es una pistola con silenciador lo que sostiene el chico. Una mirada fría que no entiende de súplicas.- No, no, no, por favor.- Súplicas... ¡Qué patético! No funcionan con él.- ¡Ya vistes que tengo una mujer, y un hijo! ¡No puedes hacer esto! ¡Ellos me necesitan! ¡No...!
Cae al suelo, el silencio de la muerte. Dos disparos más. Tres, cuatro... No es por desperdiciar balas, pero no puede quedar con vida. Sangre. Lentamente, la nieve empieza a teñirse de rojo. Navidad. El recuerdo de aquel niño pasa por la mente del chico al ver el cadáver del hombre. Cinco años... Esas no serían sus mejores navidades. Tampoco para el chico. Vuelve a guardar la pistola, sin sentir nada. Un trabajo menos por el que no recibiría ningún castigo ni recompensa, ni sentiría pena o remordimientos.
Navidad. Época de ilusiones y de deseos. De nieve. Sin embargo, los deseos del chico no se van a cumplir. Unas Navidades solo, Navidades de sangre y nieve. Nieve. Nueva York, qué hermosa ciudad y qué malos recuerdos. Frío. Frío en el exterior y frío en su propio corazón. Deja el cadáver del hombre a su espalda, en aquel oscuro callejón, llevándose la felicidad de una familia, llevándose la vida de aquel hombre. Y no le importa. Vuelve a perderse entre las calles de la ciudad, sin rumbo, sin pensar en nada, sin sentir nada. Ni alegría, ni felicidad, ni siquiera calor. Vuelve a perderse entre la nieve. Fría nieve.
Yuki.
"Nami, te echo de menos."
Hasta aquí, nada más. Espero poder, en estos días, publicar otra pequeña entrada con otro de los oneshots, de verdad!
Bueno, venga, me despido ya, ^^
Se despide la Papa del Rol!!!
Cuidenseee ^^ Bsss!! OQM!!!
† Д₪g3ℓ_ЯД₪ ][...Þë®ø §ø¥§ vø§, m¥ åmåntë, m¥ ®øl, m¥ d®øgå, å lå çüål åd¥çtå ë§tø¥...][
FELIZ NAVIDAD!!! Que esta noche es nochebuena y mañana Navidad ♪
El chico se ajusta mejor su bufanda, con una de sus manos cubiertas por guantes. Va solo. Un niño pasa corriendo a su lado, sin fijarse en él, hacia el escaparate más cercano, con ilusion, riendo, sonriendo... feliz. Quién sabe por qué ese niño estará feliz. Quizás porque ha pedido ese enorme juguete para Navidad y espera que se lo regalen, quizás porque ya lo tiene o, quizás, porque le gusta mirar. Le gustan los colores, le gustan esos juegos. El chico vuelve a guardar la mano en el bolsillo. Hace frío, la nieve a sus pies y a su alrededor lo indican. Escucha una voz femenina, habla en ingles. Llaman al niño que está a su lado. Sus pasos, los de esa mujer, se adelantan para agarrarlo de la mano, sin que eso y la pequeña bronca que le caerá despues haga desaparecer la sonrisa del niño.
Se detiene un momento y, mirando la escena, el chico siente el peso de su propia conciencia. Sería... tan fácil borrar esa sonrisa, borrar la inocencia. Solo con aquel objeto que le pesaba en el bolsillo, aquel arma que el propio diablo cargaba... que él mismo cargaba. "Asesino". Se mira en el escaparate. Una expresión fría, como la nieve.
Se da la vuelta, sigue su camino, sin preocuparse siquiera del escalofrío que le recorre con esos pensamientos, para nada buenos. Tiene cosas mejores que hacer. Un destino, una dirección... Y sin embargo va sin rumbo, perdiéndose entre las calles de Nueva York, sin importarle sus obligaciones. Tiene tiempo.
Navidad.
Pequeños copos de fría nieve empiezan a caer, por su cabello. Vuelve a nevar, otra vez. Se encoge los hombros, un intento de protegerse algo más del frío. Más copos. Se posan en su cabeza, cubriendo poco a poco su negro pelo. No demasiado. Caen suaves, y el chico apenas los siente. Nieve...
Si, eso, nieve.
El chico coge su móvil, comprueba la hora. Debería apurarse, se está haciendo un poco tarde. Acelera el paso, más calles casi desconocidas, la ciudad de Nueva York. Un callejón entre dos edificios. Está oscuro. Ropa negra, pelo negro y ojos oscuros. Espera, allí, contra la pared, protegido por aquella oscuridad. Porque no tiene otra cosa mejor que hacer salvo esperar. Una misión que había empezado desde el momento que salió de su casa. Una misión, para esa Organización en la que trabajaba. Se vuelve a encoger un poco, en un intento de entrar en calor. Se fumaría un cigarrillo, pero no le gusta el tabaco. Vuelve a mirar el reloj, impaciente. Ya es la hora, no le gustaría tener que esperar al frío.
Unas voces le distraen. Por la calle, unos metros más allá, se escuchan unas voces. Un niño pasa por delante de él, sin fijarse. La madre, detrás, le lanza una breve mirada que el chico mantiene, sin inmutarse. No le importan ni la madre ni el hijo... le importa el padre, que va unos metros más atrás. Ya no le pesa la conciencia, ya no le pesa el arma que lleva en el bolsillo. Frialdad. Nieve. El hombre se detiene, justo enfrente del chico. Le dice algo a su mujer. Inglés. El chico ni lo escucha. Una cara seria, preocupada, aparece en la mujer al oir esas palabras. Ella y el niño se van. Una última mirada. ¿Cuantos años debe de tener? Cinco. Quizás seis.
- ¡Os dije que nos dejárais en paz! - el hombre empieza a hablar, violento. Lo mira. Es joven, treinta y pocos mal conservados. Parece la cara de un hombre fracasado, sin éxito, agobiado por las deudas. Le es indiferente. Él solo tiene que cumplir una misión, no dar explicaciones.
-Yo solo cumplo órdenes.- Palabras que hacen que el hombre se ponga más violento, agarrándole por la cazadora, a la desesperada. Pero no le afecta, no se inmuta, no le da miedo. Cosas peores ha vivido. - Y aún no devolviste el pago. - Deudas... Este hombre le debía demasiado dinero a la Organización, y la Organización no tolera esas actitudes. Eficiencia, disciplina, puntualidad... Si, esas eran las exigencias de la Organización.
-¡Les dije que necesitaba tiempo! ¡Yo...! - palabras vanas... Se calla al sentir el cañon de la pistola en su abdomen. Se separa, con miedo. Se asegura. Sí, es una pistola con silenciador lo que sostiene el chico. Una mirada fría que no entiende de súplicas.- No, no, no, por favor.- Súplicas... ¡Qué patético! No funcionan con él.- ¡Ya vistes que tengo una mujer, y un hijo! ¡No puedes hacer esto! ¡Ellos me necesitan! ¡No...!
Cae al suelo, el silencio de la muerte. Dos disparos más. Tres, cuatro... No es por desperdiciar balas, pero no puede quedar con vida. Sangre. Lentamente, la nieve empieza a teñirse de rojo. Navidad. El recuerdo de aquel niño pasa por la mente del chico al ver el cadáver del hombre. Cinco años... Esas no serían sus mejores navidades. Tampoco para el chico. Vuelve a guardar la pistola, sin sentir nada. Un trabajo menos por el que no recibiría ningún castigo ni recompensa, ni sentiría pena o remordimientos.
Navidad. Época de ilusiones y de deseos. De nieve. Sin embargo, los deseos del chico no se van a cumplir. Unas Navidades solo, Navidades de sangre y nieve. Nieve. Nueva York, qué hermosa ciudad y qué malos recuerdos. Frío. Frío en el exterior y frío en su propio corazón. Deja el cadáver del hombre a su espalda, en aquel oscuro callejón, llevándose la felicidad de una familia, llevándose la vida de aquel hombre. Y no le importa. Vuelve a perderse entre las calles de la ciudad, sin rumbo, sin pensar en nada, sin sentir nada. Ni alegría, ni felicidad, ni siquiera calor. Vuelve a perderse entre la nieve. Fría nieve.
Yuki.
"Nami, te echo de menos."
Hasta aquí, nada más. Espero poder, en estos días, publicar otra pequeña entrada con otro de los oneshots, de verdad!
Bueno, venga, me despido ya, ^^
Se despide la Papa del Rol!!!
Cuidenseee ^^ Bsss!! OQM!!!
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FELIZ NAVIDAD!!! Que esta noche es nochebuena y mañana Navidad ♪
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