Recuerdos En Nueva York II
Soy Nami Domoto. Tengo 18 años y vivo en la ciudad de Nueva York. ¿Mi trabajo? Por el día soy una camarera en la cafetería de abajo de mi piso y por la noche una asesina, ladrona y estafadora sin escrúpulos.
Y hoy tengo que ponerme mi antifaz de ladrona. Y no quiero. Odio esto y... hoy va a ser una noche aún más larga que las anteriores.
Solo tengo un modo de conseguir lo que quiero. Mathew Robberts no suelta ese maldito colgante, el Scarlet, un rubí de incalculable valor, que siempre lleva en el cuello. Y tiene cuatro guardaespaldas, de los que no se separa ni para ir al baño. Solo me queda... ganarme su confianza, la suficiente para quedarnos a... solas... y aprovechar un momento de despiste para robarselo. Pero no debo matarlo. La Organización aún lo quiere, porque tiene negocios con él. Y eso no me deja demasiadas posibilidades.
Lo han planeado todo sin contar con mi opinión, pero no puedo negarme. Tengo que tragarme lo que siento y seguir adelante con el plan. Y se me hace un nudo en la garganta. La última vez que besé a alguien... fue a conan y... no quiero que nadie me quite esa última sensación por los asquerosos labios de Mathew Robberts. Pero el trabajo es el trabajo. Y de mi trabajo depende la vida de la persona a la que quiero. Mi vida es una injusticia, y no entiendo porque me ha tocado a mi esta miseria.
Se que no debo pensar en estas cosas, la última vez mi salón acabo hecho una pena. Tuve que encargar muebles y una vajilla nuevos.
Así que ahora me encuentro aquí, en un salón dos veces más grandes que mi casa. Llevó una peluca lisa y de color negro, para que no descubran mi identidad. El vestido también es negro, con un gran escote y la espalda al aire. Nadie me podría reconocer, yo nunca me visto de esta manera tan de... en fin. Pero en eso consiste la misión, en provocarle. Cuanto más lo pienso... menos me gusta. Y me echaría a llorar si no estuviera en medio de tanta gente.
Y recuerdo de nuevo por qué lo hago. La razón por la que me sacrifico. ¿Merece la pena hacer todo esto por Conan?
Soy capaz de imaginarmelo, si estuviera aquí conmigo. Aunque siempre se burlaba de mí en el fondo se preocupaba. Seguro que en este momento me estaría diciendo: 'tonta, más que tonta. ¿¡Por qué no les plantas cara de una vez!? No puedes hacer esto'.
Sonrió, sin poderlo evitar. Como si las cosas fueran tan fáciles. Como si tuviera algo por lo que poder salir. Pero todo me ata, no es tan fácil como se pinta. Que simple parece al decirlo, Conan.
-¡Oh! Usted debe ser la señorita Nagashaki -si, aquí llega Mathew Robberts. Alto, pelo ondulado y engominado. Sonrisa putrefacta. Sin duda es él.
-Si, soy yo -contestó. El me ofrece una botella de champán. Que típico. Todos empiezan así. Presentación cordial, champán... cama. Pero yo no pienso meterme en esa tercera fase borracha. Tengo que robar una joya-. Encantada, señor Robberts.
-Tuteame, por favor -sonrio, intentando que parezca lo más seductoramente posible. Y creía que esto se me daba mal. Quizás sea porque a los occidentales les mueve mucho el estilo oriental.
No tardó en ceñirme al plan. Rápidamente me gano su confianza y nos alejamos a una habitación privada, sin guardaespaldas. Me besa, y yo pierdo el sabor de los labios de Conan. No quiero ni pensar cuanto me duele. Era lo unico que me quedaba de él. Mathew baja los labios, y yo cada vez me muero más del asco.
La Organización quiere deprimirme, es eso. Sería mucho más práctico apuntarle con una pistola y exigirle la Scarlet. Pero era imposible meter armas a la fiesta. Incluso revisaban a los del servicio.
Y por el precio de una joya pierdo yo la poca inocencia que me quedaba. Sin sentir nada, solo... un asco tremendo y una tristeza infinita. Solo sale algo limpio de eso, se ha despistado, he conseguido quitarle la Scarlet que pendía de su cuello. No se ha dado cuenta de nada. Pobre infeliz.
¿Esto hablando de él o de mí?
Se queda dormido, y yo marcho en silencio, con la joya bien guardada en mi bolso. Salgo por la terraza para que no me revisen. Es un cuarto piso, pero eso no me preocupa, ya que en el tercer piso hay una terraza. Abro mi bolso y pongo una de las anillas en una parte de la barrandilla, como si fuera unas esposas. Agarro con firmeza el bolso y salto. Lo he hecho más veces, no me preocupan las alturas.
Del bolso empieza a salir un hilo metálico, muy resistente, que une mi bolso con la anilla. Y así aterrizo perfectamente en el suelo. Y es tan tarde que nadie se ha dado cuenta de nada. Puedo volver a casa.
Mi moto está ahí, esperandome. Me quito la peluca y la meto debajo del asiento, como el bolso y me pongo el casco. Ahora puedo dignarme a llorar a gusto.
Cuando llego a casa ya tengo todo el maquillaje corrido y la nariz roja de tanto llorar. Rompo el vestido sin miramientos y me pongo mi ropa. Necesito beber, seguro que ya hace tiempo que me he deshidratado pero la vida me quiere seguir manteniendo viva para joderme un poco más.
Me siento en la silla de la cocina, y no puedo detenerme ni un minuto para deprimirme (más). Es Gin. Y lo primero que se me pasa por la cabeza es tirar el móvil por la ventana. ¿Es que solo sabe arruinarme la vida? Lo contestó, porque sé que este sería capaz de venir hasta Nueva York solo para que ver si sigo aquí. ¿Por qué me tienen que controlar tanto?
-Dime -murmuró, intentando que no se notara que estaba llorando.
-Información importante sobre tu protegido -el corazón me da un vuelco. Quizás no debería escucharlo. No ahora que me encuentro tan mal. Pero Gin no me deja hacerlo callar-. Acaba de salir en el periódico que los Tokyo Spirits lo han metido en el equipo. Al parecer se va a montar una buena vida, ¿eh? Y todo gracias a ti.
Si lo que intentaba era deprimirme más... lo ha logrado. Cuelgo, sollozando. Me alegro. Me alegro. Ya se ha olvidado de mí. Me alegro mucho. Está viviendo la vida que yo no puedo. Yo lo decidí así. El vaso cae y se rompe en mil añicos. Me recuerda a mí.
Me llamo Nami Domoto. Tengo 18 años y vivo en la ciudad de Nueva York. Mi vida es una mierda... y tengo que comprar muebles y una vajilla nuevos. Otra vez.
Bueno, aquí os dejo otro oneshot xD espero que os gustara y no os deprimiera como al perso xD Si Conan se enterara... la mataria? xD no se. A saber
**.* ¡Sae-chan! *.** [...Pero sois vos, mi amante, mi rol, mi droga, a la cual adicta estoy...]
Y hoy tengo que ponerme mi antifaz de ladrona. Y no quiero. Odio esto y... hoy va a ser una noche aún más larga que las anteriores.
Solo tengo un modo de conseguir lo que quiero. Mathew Robberts no suelta ese maldito colgante, el Scarlet, un rubí de incalculable valor, que siempre lleva en el cuello. Y tiene cuatro guardaespaldas, de los que no se separa ni para ir al baño. Solo me queda... ganarme su confianza, la suficiente para quedarnos a... solas... y aprovechar un momento de despiste para robarselo. Pero no debo matarlo. La Organización aún lo quiere, porque tiene negocios con él. Y eso no me deja demasiadas posibilidades.
Lo han planeado todo sin contar con mi opinión, pero no puedo negarme. Tengo que tragarme lo que siento y seguir adelante con el plan. Y se me hace un nudo en la garganta. La última vez que besé a alguien... fue a conan y... no quiero que nadie me quite esa última sensación por los asquerosos labios de Mathew Robberts. Pero el trabajo es el trabajo. Y de mi trabajo depende la vida de la persona a la que quiero. Mi vida es una injusticia, y no entiendo porque me ha tocado a mi esta miseria.
Se que no debo pensar en estas cosas, la última vez mi salón acabo hecho una pena. Tuve que encargar muebles y una vajilla nuevos.
Así que ahora me encuentro aquí, en un salón dos veces más grandes que mi casa. Llevó una peluca lisa y de color negro, para que no descubran mi identidad. El vestido también es negro, con un gran escote y la espalda al aire. Nadie me podría reconocer, yo nunca me visto de esta manera tan de... en fin. Pero en eso consiste la misión, en provocarle. Cuanto más lo pienso... menos me gusta. Y me echaría a llorar si no estuviera en medio de tanta gente.
Y recuerdo de nuevo por qué lo hago. La razón por la que me sacrifico. ¿Merece la pena hacer todo esto por Conan?
Soy capaz de imaginarmelo, si estuviera aquí conmigo. Aunque siempre se burlaba de mí en el fondo se preocupaba. Seguro que en este momento me estaría diciendo: 'tonta, más que tonta. ¿¡Por qué no les plantas cara de una vez!? No puedes hacer esto'.
Sonrió, sin poderlo evitar. Como si las cosas fueran tan fáciles. Como si tuviera algo por lo que poder salir. Pero todo me ata, no es tan fácil como se pinta. Que simple parece al decirlo, Conan.
-¡Oh! Usted debe ser la señorita Nagashaki -si, aquí llega Mathew Robberts. Alto, pelo ondulado y engominado. Sonrisa putrefacta. Sin duda es él.
-Si, soy yo -contestó. El me ofrece una botella de champán. Que típico. Todos empiezan así. Presentación cordial, champán... cama. Pero yo no pienso meterme en esa tercera fase borracha. Tengo que robar una joya-. Encantada, señor Robberts.
-Tuteame, por favor -sonrio, intentando que parezca lo más seductoramente posible. Y creía que esto se me daba mal. Quizás sea porque a los occidentales les mueve mucho el estilo oriental.
No tardó en ceñirme al plan. Rápidamente me gano su confianza y nos alejamos a una habitación privada, sin guardaespaldas. Me besa, y yo pierdo el sabor de los labios de Conan. No quiero ni pensar cuanto me duele. Era lo unico que me quedaba de él. Mathew baja los labios, y yo cada vez me muero más del asco.
La Organización quiere deprimirme, es eso. Sería mucho más práctico apuntarle con una pistola y exigirle la Scarlet. Pero era imposible meter armas a la fiesta. Incluso revisaban a los del servicio.
Y por el precio de una joya pierdo yo la poca inocencia que me quedaba. Sin sentir nada, solo... un asco tremendo y una tristeza infinita. Solo sale algo limpio de eso, se ha despistado, he conseguido quitarle la Scarlet que pendía de su cuello. No se ha dado cuenta de nada. Pobre infeliz.
¿Esto hablando de él o de mí?
Se queda dormido, y yo marcho en silencio, con la joya bien guardada en mi bolso. Salgo por la terraza para que no me revisen. Es un cuarto piso, pero eso no me preocupa, ya que en el tercer piso hay una terraza. Abro mi bolso y pongo una de las anillas en una parte de la barrandilla, como si fuera unas esposas. Agarro con firmeza el bolso y salto. Lo he hecho más veces, no me preocupan las alturas.
Del bolso empieza a salir un hilo metálico, muy resistente, que une mi bolso con la anilla. Y así aterrizo perfectamente en el suelo. Y es tan tarde que nadie se ha dado cuenta de nada. Puedo volver a casa.
Mi moto está ahí, esperandome. Me quito la peluca y la meto debajo del asiento, como el bolso y me pongo el casco. Ahora puedo dignarme a llorar a gusto.
Cuando llego a casa ya tengo todo el maquillaje corrido y la nariz roja de tanto llorar. Rompo el vestido sin miramientos y me pongo mi ropa. Necesito beber, seguro que ya hace tiempo que me he deshidratado pero la vida me quiere seguir manteniendo viva para joderme un poco más.
Me siento en la silla de la cocina, y no puedo detenerme ni un minuto para deprimirme (más). Es Gin. Y lo primero que se me pasa por la cabeza es tirar el móvil por la ventana. ¿Es que solo sabe arruinarme la vida? Lo contestó, porque sé que este sería capaz de venir hasta Nueva York solo para que ver si sigo aquí. ¿Por qué me tienen que controlar tanto?
-Dime -murmuró, intentando que no se notara que estaba llorando.
-Información importante sobre tu protegido -el corazón me da un vuelco. Quizás no debería escucharlo. No ahora que me encuentro tan mal. Pero Gin no me deja hacerlo callar-. Acaba de salir en el periódico que los Tokyo Spirits lo han metido en el equipo. Al parecer se va a montar una buena vida, ¿eh? Y todo gracias a ti.
Si lo que intentaba era deprimirme más... lo ha logrado. Cuelgo, sollozando. Me alegro. Me alegro. Ya se ha olvidado de mí. Me alegro mucho. Está viviendo la vida que yo no puedo. Yo lo decidí así. El vaso cae y se rompe en mil añicos. Me recuerda a mí.
Me llamo Nami Domoto. Tengo 18 años y vivo en la ciudad de Nueva York. Mi vida es una mierda... y tengo que comprar muebles y una vajilla nuevos. Otra vez.
Bueno, aquí os dejo otro oneshot xD espero que os gustara y no os deprimiera como al perso xD Si Conan se enterara... la mataria? xD no se. A saber
**.* ¡Sae-chan! *.** [...Pero sois vos, mi amante, mi rol, mi droga, a la cual adicta estoy...]
Mortal!!! Está buenisima!!!
ResponderEliminarMe encanta!!!!
Beshoo