ISR... capitulo 2? XD

¿Por qué sentía que flaqueaba? Ya no aguantaba más. Aquel sufrimiento... ¿Qué iba a hacer? No había salida. Solo la espera, pero se hacía eterna.
No lo soportaba. Aquella agonía la estaba matando por dentro. Miró con cautela el bote de pastillas. Quizá.... quizá era la mejor opción. Ya no sufriría más, no dolería nunca más. Podía ser que le doliese al principio... pero aquel dolor de tristeza se extinguiría rápido.
Cerró la puerta de su habitación con pestillo, y cerró también las persianas hasta quedarse casi a oscuras, solo iluminada por la luz de la lámpara de la mesilla. Era increíble. Sentía como si no le preocupase morir.
Se sentó en la silla y abrió el bote despacio, para volcarlo en su mano. Y sin dudarlo, empezó a tomárselas todas, hasta que la mente se le empezó a emborronar, dejaba de sentir...
“Lo siento, Shinichi... no aguanto más.” Pensó, antes de dejar de sentir por completo.


Un mal presentimiento invadía a Conan desde aquella misma mañana. Había dejado a Ran sola, en casa. Tampoco había podido permitir que fuese a clase, no después de lo de aquella noche. Se sentía mal y tremendamente culpable. Solo quería llegar a casa y comprobar si Ran estaba mejor. Conan había pasado una mala noche y el día no le estaba yendo mejor, parecía empeorar por momentos. Volvió a marcar el número de Ran por enésima vez, preocupado, después de salir de clase. Otra vez no obtuvo respuesta alguna. ¿Cuántas veces la había llamado ya aquel día? Cada vez que tuvo ocasión, sin que nadie le contestase al teléfono.
Aquel mal presentimiento se acentuaba conforme se iba acercando a casa de Ran. Aquella sensación... Corrió las últimas calles que quedaban hasta llegar a casa de la chica. Tenía que llegar rápido. Intuía que algo había pasado, alguna tragedia, algo que... no quería ni imaginar.
Miró las ventanas del segundo piso. El corazón le latía rápidamente y con fuerza. Allí... había algo extraño. Pronto se dio cuenta... era la persiana bajada, la persiana de la habitación de Ran. La certeza de que algo le había pasado a ella le cayó de lleno, paralizando todo su cuerpo momentáneamente. Por unos segundos todo se detuvo... no se movió, ni siquiera respiró, incluso parecía que el corazón había dejado de latir un momento. Una descarga de adrenalina le recorrió por completo. Subió las escaleras corriendo. La puerta del piso estaba abierta. Conan tuvo miedo, miedo de verdad. Tenía miedo de lo que se encontraría en el interior.
Intentó abrir la puerta de la habitación de Ran, con cautela. Obviamente no abría, estaba el pestillo echado.

-¿Ran? ¿Estás ahí? – Conan tenía miedo de volver a no obtener ninguna respuesta. Eso mismo ocurrió. Nadie dijo nada al otro lado de la puerta. - ¿Ran? – volvió a preguntar, desesperado. No podía evitar pensar que seguramente algo pasaba.- ¡Ran! ¡Ran! ¡Contesta, Ran! – Conan aporreó la puerta con los puños. Sabía que Ran estaba al otro lado.... y deseaba con todas sus fuerzas que contestase.- ¡Ran, por favor, abre la puerta! ¡Ran! – Conan empujó la puerta con su hombro, utilizando todas sus fuerzas. Un intenso dolor le dio a entender que se lo había dislocado, pero eso no le importaba en aquel momento. Tenía que abrir esa puerta rápidamente, no importaba como.
Una idea se le cruzó por la mente. Ajustó el dial de las zapatillas al máximo al tiempo que apretaba el botón de su cinturón. Tenía que destrozar la puerta, o al menos eso necesitaba. Con todas sus fuerzas golpeó el balón, que acabó reduciendo la puerta a astillas. Algunas saltaron a su cara, haciéndole algunos cortes que empezaron a sangrar.
Sin embargo lo peor fue lo que se encontró dentro de la habitación. Conan relacionó rápidamente el bote de pastillas casi vacío con Ran. La chica estaba tumbada en el suelo, parecía haberse caído de la silla, que también estaba en el suelo. Tenía la cara pálida, muy pálida.
- ¡Ran! – Gritó, acercándose a ella – Ran, por favor, despierta – le suplicó, zarandeándola suavemente – Ran, dime que no lo hiciste, por dios – estaba desesperado – Ran, resiste, te lo pido – sabía que era inútil, que no le iba a escuchar. Unas pequeñas lágrimas empezaban a salirle de los ojos. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido como para dejarla sola? Pero se dio cuenta que aquel no era momento para lamentarse. Tenía que actuar rápido o.... no quería ni pensar en esa posibilidad. Se secó aquellas lágrimas y, con su móvil, llamó a una ambulancia.
Ésta llegó con rapidez. Unas cuantas personas atendieron a Ran con urgencia. Conan no dejó que le curasen el hombro. Necesitaba saber que Ran estaba bien, que se salvaría, aunque nadie parecía querer responderle a aquella pregunta. Parecía grave, y el hecho de que nadie le contestara solo hacía que Conan se pusiera más nervioso y se preocupara más.
El chico no podía dejar de maldecirse mientras miraba a Ran en la ambulancia. Él tenía toda la culpa de aquello.... por su culpa, por su estupidez, inmadurez e imprudencia.

Las horas siguientes en el hospital Conan apenas las recordaba. Sabía que le habían inmovilizado el hombro en el mismo pasillo mientras curaban a Ran. Le había dolido, pero estaba ausente. Le preocupaba Ran.... ¿Por qué había hecho eso? La respuesta estaba clara, aunque no se lo acababa de creer y se sentía culpable por todo lo que había pasado.
Conan también recordaba haber vuelto a casa para dejar todo como estaba. No quería que Kogoro se enterase y suponía que Ran tampoco. Recogió la silla y abrió la persiana, con cuidado de no cortarse con las astillas que había en el suelo. ¿Cómo explicaba que la puerta estaba completamente destrozada? No se le ocurría ninguna buena excusa. En cualquier caso se echaría las culpas de ello. En una maleta guardó un poco de ropa de Ran. De alguna forma tenía que explicar su ausencia durante los días que iba a estar ingresada. Luego volvió al hospital y se quedó en la habitación de Ran. Durante unos días no habló con casi nadie, salvo de vez en cuanto que las enfermeras le hablaban y apenas salía de aquella habitación. Hasta que...


Luz... ¿Era aquello el cielo? Volvió a cerrar los ojos. Había pensado que en el cielo no sentiría nada, pero le dolía todo el cuerpo, ¿era su alma dolida? Aquel incansable pitido era realmente molesto
Abrió los ojos, poco a poco. La luz artificial del fluorescente la comenzó a despejar. No era el cielo, era un hospital.
-¿Qué...? – murmuró, débilmente.

-¡Ran! – Conan se despertó de su ligero sueño. – Por fin despertaste – Tenía que echarle la bronca o algo... lo que había hecho... había sido una tontería. Pero aquel no era el momento, no quería agobiarla.

- ¿Por... por qué? – susurró -. Yo no quería despertar...
No quería crecerlo. Aquello no había servido de nada. Seguía ahí...

Conan no soportó aquellas palabras. Se acercó a ella y le abofeteó, con todas su fuerzas. Le dolió a él también, pero no era un dolor físico, no le gustaba tener que pegarle a Ran. Sin embargo... ella estaba consiguiendo que se empezara a arrepentir de lo que había pasado en Londres. Entendía a Ran, estaba en su derecho de llorar, desesperarse. Tal vez la situación fuese... demasiado para ella.
- No vuelvas a decir eso, nunca más.- le dijo Conan, enfadado. En el fondo se culpaba a sí mismo por aquella situación pues... era culpa suya.

Eso no se lo esperaba, y menos de Conan. Pero en el fondo sabía que había sido muy tonto.
-Lo siento, Conan – dijo Ran, sin evitar que sus ojos empezasen a derramar lágrimas - . He sido una estúpida. Perdóname.

-Me preocupaste, muchísimo.- le dijo, abrazándola como lo haría un amigo o, más bien, un hermano. – Por un momento pensé... pensé que te perdía – Conan se estremeció al recordar lo que había sentido cuando vio a Ran tirada en el suelo de su habitación. – No lo vuelvas a hacer. Shinichi no merece que te mates por él.

Ran no contestó enseguida. Había algo en aquel tacto... que la atontaba. Y aparte, buscaba las palabras para explicarse.
- No es por él. Es por mí. Ya no sé que hacer. Lo que quiero de verdad no lo tengo, y lo peor es que no sé como afrontarlo. Acabaré volviéndome loca.

Conan se sentía mal, muy mal. Aquellas palabras se le clavaban como puñales y lo peor es que no era capaz de contestarle.
-¡No es culpa tuya si Shinichi no puede venir a verte! – necesitaba echarse las culpas, aunque fuera de forma indirecta. Odiaba aquella situación y empezaría a odiarse a si mismo si no se echaba las culpas. Lo que dijo a continuación le iba a costar asimilarlo, pero tenía que decirlo.- ¡Olvídalo! Si no puedes afrontarlo olvídalo. Olvida a Shinichi, olvídalo todo. Tú te mereces a alguien mejor.
Ran lo abrazó, con fuerza, sin parar de llorar.
- No me pidas imposibles, Conan. Ojala... – se detuvo un momento - . Ojala pudiese volverme pequeña como tú. Solucionaría muchas cosas.

- No es imposible. – siguió insistiendo. Tenía que intentar que Ran se olvidase de él. Solo quería que fuera feliz, y recordándole a cada minuto estaba claro que no podía serlo. – Solo... solo tienes que olvidar – habló en apenas un susurro, le costaba decir aquellas palabras, pero era lo mejor para Ran.

- Basta, Conan – pidió, más bien, ordenó. Aquello le dolía, le dolía mucho. – No quiero hablar de esto nunca más.

Conan asintió, en silencio. A él también le dolían sus propias palabras solo al pensarlas.
- Está bien. – le dijo. En aquellos momentos solo quería volver a ser Shinichi para poder estar con Ran.- No le dije nada al tío. Creí que sería mejor que no lo supiera. Aparte.... me pediste que no se lo mencionara a nadie.

Ran se acomodó en la camilla. Pensar en aquellas palabras... dolían.
- ¿Cuánto llevo aquí? – preguntó.

- No sé... unos cuantos días.- le contestó Conan. Realmente no llevaba la cuenta. Apenas se había alejado de la habitación de Ran en todo el tiempo. Las únicas veces que lo había hecho después de ir a casa habían sido para buscar algo de comer. Había dormido poco y mal esos días, pues no quería que Ran se despertase cuando él estaba durmiendo o estaba fuera.

Ran se levantó de la cama, decidida. No quería estar más en el hospital.
-Quiero ir a casa – dijo, mientras observaba la habitación y luego miraba su bata del hospital. - ¿Sabes donde está mi ropa?
Estaba segura de que ahora Conan no iba a dejarla sola. Y eso la preocupaba.

Conan no se movió. Sabía que Ran iba a querer irse, lo había previsto, y para evitarlo le había escondido su ropa. No debía irse aún.
- No. – le contestó, con firmeza. – No te vas a ir a ninguna parte. Aún no estás bien para marcharte. Te quedarás aquí hasta que los médicos te digan que puedes irte.

Ran sonrió para si. Debería haber previsto que haría algo por el estilo.
-De verdad, estoy bien – insistió – Aparte, seguro que papá tiene todo hecho un desastre.

- Estás bien, ¿no? – Conan alzó una ceja y le miró de arriba abajo. Se paró en su cara, que tenía los ojos hinchados de llorar. También se paró en la bata del hospital. – No me digas.- le dijo, sarcástico.

- Por favor, Conan – pidió, cerrando un momento los ojos. Verlo le recordaba demasiado a él. – Déjame ir a casa. No quiero quedarme aquí más tiempo.

“¿Y crees que en casa estarás mejor?” pensó Conan, recordando todo lo que había pasado.
- No – volvió a decir. – Te lo dije, no te irás hasta que los médicos no te den el alta. – No iba a ceder. – Además.... Yo soy el único que sabe dónde está tu ropa. – le dijo, con una sonrisa triunfante.- Y no querrás salir así, ¿verdad?

- Conan – pidió, pero luego suspiró resignada - . No puedo hacer nada para que me dejes ir, ¿verdad?

Conan negó con la cabeza.
- Aunque yo te dejara ir.... los médicos y enfermeras no lo harían hasta que no obtuvieras el alta.- Al final había ganado. Había conseguid que Ran denegase la idea de irse.
- No me quedaré tranquilo hasta que los médicos te digan que estás bien.

Ran se volvió a acostar, a su pesar.
- ¡Estoy bien!

“Todo lo bien que puedo estar cuando...” no era capaz ni de pensarlo.
- Los médicos no me dejarán marchar – murmuró.

Conan volvió a sonreír, aunque no era una sonrisa alegre ni mucho menos. Aquel tema le preocupaba, le preocupaba muchísimo. Ran no podía seguir así y él.... él estaba cansado también. Aquello era una locura y alguien acabaría pagando por ello. ¿Cuál era la solución? Ran tenía que olvidarse de él, de cualquier forma.

- Aparte de ti... ¿lo sabe alguien más? – preguntó. Como Shinichi lo supiera se moriría. O por lo menos, que no le dijese nada sobre ellos si lo supiera. No lo soportaría.

¿Qué le decía? Shinichi sí lo sabía, pero nadie se lo había dicho. Se quedó pensativo un momento.

- No. – dijo, finalmente. – Pero... pienso que debería saberlo.

- No. No debería – dijo -. Fue una estupidez, no creo que tenga que contárselo.
Era extraño. Nunca había hablado así con Conan. Era como hablar con un adulto, en vez de con un niño de 7 años.

Conan le lanzó una mirada de reproche.
- Ran... tienes que dejarlo. Esto... te está matando. – nunca había dicho algo tan cierto. Su relación con Ran estaba apagando su vida, lentamente.- Deja a Shinichi. – se lo dijo casi como una orden. No le gustaban esas palabras, pero se le partía el corazón al ver a Ran así, con los ojos rojos y llorosos en un hospital... después de intentar suicidarse por él.

Ran se mordió el labio, abatida, porque, aunque no quería reconocerlo, Conan estaba en lo cierto. Era una locura. Pero si ella no lo dejaba, estaba segura de que Conan lo llamaría y le contaría todo... y Shinichi lo haría.
-Si no lo llamo yo lo harás tú de todas formas, ¿no? – murmuró

- Si no lo dejas tú, le pediré a Shinichi que lo haga. – le contestó, decidido. Ran no podía seguir así, no estaba preparada.

Ran se miró las manos, cualquier sitio era mejor que los ojos del niño.
- Yo no... – Dijo al fin – Yo no puedo....
“Y tampoco quiero.”

- Pues entonces le llamaré yo y le contaré lo que pasó.- Sabía que estaba siendo muy duro con Ran y esperaba no equivocarse con sus palabras. Cogió el móvil, decidido a marcar cualquier número para hacer que Ran creyera que estaba llamando a Shinichi.

Se sentía incapaz de moverse, aunque lo que más deseaba era arrancarle el móvil de las manos y tirarlo bien lejos. Giró la cabeza, no quería oírlo. Se tapó la cara con la almohada. No quería escuchar.

Conan cerró el móvil. No era capaz de ver a Ran así.
-Ran... tienes que hacerlo.- le dijo, tendiéndole su móvil.

- No... quiero – dijo, tras la almohada. Ya la sentía húmeda - ¡No sabes lo que me estás pidiendo!

- Pues se lo pediré a Shinichi. – Tenía que convencerla de alguna forma, no podían seguir aquella relación a distancia. Ran estaba sufriendo demasiado. – No puedes seguir así, Ran.

Claro que podía, pensó. Lo había esperado siempre. Y si no podía morir, lo esperaría.
- Conan-kun.... por favor... no puedo hacer.



- Sabes que Shinichi lo hará, por tu bien, si sabe lo que estuviste a punto de hacer por él.
Conan tenía que estar serio en aquellos momentos. No parecía un crío de 7 años, pero en aquel momento no podía permitirse pensar en eso. Tenía que convencer a Ran como fuera.

- Que lo haga, si quiere – retó Ran – Eso no hará cambiar nada. Pero yo no quiero...
Ya no sabía con quien hablaba. Sabía que era Conan, pero no daba a entender su edad. Parecía un adulto... y aquello la confundía.

Esas palabras... fueron demasiado. Sabía que con lo siguiente que iba a decir la iba a herir, pero tenía que abrirle los ojos como fuera.

- Está bien. – dijo, levantándose sin mirarla. Se había enfadado. Lo de Ran había sido demasiado.- Mátate, si quieres – le espetó. – pero eso no va a hacer que Shinichi vuelva. Tampoco que llores y te deprimas va a servir para algo.
Se marcho. Necesitaba tranquilizarse o volvería a tener que pegar a Ran otra vez, y no quería.




Otro tochooo!! XD En fin XD Quiero poner todo el ISR completo XD Asi que os esperan tochos y tochos XD

Ale, empiecen a disfrutar del ISR... iré poniendolo por fascículos XD


Se despide aqui la Papa del rolismo, Ireee!! (o Angel_Ran o la que maneja a Conan, Conan, Shinichi y Yuki XD)


Venga, bsss!! Alabado sea el Rol! XD



(8)Þë®ø §ø¥§ vø§, m¥ åmåntë, m¥ ®øl, m¥ d®øgå, å lå çüål åd¥çtå ë§tø¥(8)

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