ISR... capitulo 1? XD

Ran se apoyó en el marco de la ventana, suspirando, cansada. Era de noche, y Kogoro y Conan debían estar durmiendo. La luna llena iluminaba sus facciones y Ran no pudo evitar pensar que aquella luz triste compaginaba con su estado de ánimo. Colocó la cabeza entre los brazos, intentando no pensar esas cosas tan melancólicas. Pero era difícil.

Conan se despertó sobresaltado en medio de la noche. Había vuelto a tener aquella misma pesadilla, aunque últimamente no era nada raro. Solía soñar con lo mismo muy a menudo. Tenía variaciones, pero siempre acababa igual: aquellos ojos fríos, aquel disparo, aquella visión...Seguían atormentándole, a pesar que sabía de sobra que sólo era una pesadilla.

Miró a la cama de Kogoro. Dormía tranquilamente. Conan sabía que nada podía despertarle cuando dormía así, así que cogió su móvil. Necesitaba llamarla, decirle que le quería. Seguramente estaría durmiendo, pero de todas formas marcó su número y esperó a que contestara.

Algo en su bolsillo comenzó a vibrar y a entonar una leve musiquita. Levantó la cabeza al oírlo. Rápidamente cogió el móvil del bolsillo, y el corazón le dio un vuelvo al ver el nombre de Shinichi en la pantalla.

Aceptó la llamada y dijo, con la voz notablemente emocionada:

-¡Shinichi! – lo echaba tanto de menos... quería llorar.

Conan sonrió. Eran aquellas cosas por las que merecía la pena.

- ¿estabas durmiendo? – le preguntó, usando el intercambiador de voz.- Si es así, perdona... necesitaba oír tu voz.

-No, no, estaba despierta – aclaró ella, volviéndose a apoyar en la ventana - , Yo también... necesitaba oírte – dijo. Se sintió mucho mejor al hacerlo, aunque no lo suficiente. Debía verlo para tranquilizarse del todo. Sólo pensarlo hacía que se le humedeciesen los ojos, avisando de próximas lágrimas -. No puedo dejar de pensar que esto es muy complicado.

El chico se quedó pensativo. Tenía razón, era muy complicado.

-Lo sé, pero...- no quería sacar el tema de su vuelta, no le gustaba decirle siempre lo mismo a Ran. Pero... ¿Qué podía hacer? – Te amo, Ran.- Así, dicho por teléfono, le sonaba mucho más frío. Necesitaba volver a probar sus labios, decírselo a la cara.

Ran cerró los ojos, saboreando aquellas palabras que la llenaban por dentro.

-Te amo... – respondió igualmente-. Quiero verte... te echo mucho d menos.

- Y yo a ti. – le contestó. Miró con cautela al tío, que seguía durmiendo plácidamente.

“Si pudiera... volver.” Se lamentó, otra vez.

Unas pequeñas lágrimas corrieron por el rostro de Ran. ¿Por qué no podían estar juntos? Era injusto.

-Vuelve, por favor. – pidió.

El chico había estado temiendo aquellas palabras desde el principio. No sabia que responderle.

- Ran... – le dijo en un tono de reproche. Llevaba tiempo evitando ese tema, pero sabía que tarde o temprano iba a acabar saliendo.... esta vez más temprano que tarde.

Ran se mordió el labio, intentando contenerse. No quería que lo oyese llorar.

-Tengo que irme – murmuró, despacio – Te amo...

Colgó el teléfono rápidamente, y se dejó caer al suelo, mientras las lágrimas corrían con mayor rapidez y sujetaba con fuerza el móvil. Rodeó las rodillas con los brazos, y se quedó inmóvil ahí, aunque sin parar de llorar.

-¡Ran, espera! – le dijo. Pero no hubo remedio, la chica ya había colgado.

“Yo también te amo.” Pensó, abatido. Realmente aquella conversación le había dejado preocupado. Había algo en la voz de Ran que... le ponía los pelos de punta. Cierto... tono triste y melancólico que le hacía sentirse culpable.

Se recostó un momento en el futón, pero al rato se levantó. Tenía que ver como estaba. Salió de la habitación con cautela. La puerta de la habitación de Ran estaba abierta y desde donde Conan estaba se podía ver que no había nadie dentro. ¿Dónde estaría? Salió del piso y bajó las escaleras, despacio.

-¿Ran-neechan? – preguntó, abriendo la puerta de la oficina lentamente.

Conan no sería capaz de describir lo que sintió al ver a Ran allí, sentada. Se le destrozaba el corazón con cada lágrima que derramaba por él.

-¿Ran? – volvió a preguntar.

Ran alzó la cabeza un poco, aunque ya sabía quien la estaba mirando, con una expresión que no sabía interpretar, y menos en ese momento.

-Conan-kun....- sollozó, volviendo a agachar la cabeza entre los brazos. No quería que le viese llorar, pero no lo podía evitar.

Conan dio un paso, indeciso. ¿Qué debía hacer? No podía verla así, no era capaz.

-¿Q-qué pasó? – vale, era una pregunta estúpida. ¿Qué iba a pasar? Lo de siempre... como siempre.

Ran no contestó enseguida, no era capaz de hacerlo.

-Nada – susurró, cuando consiguió hablar. Se sentía fatal, tan débil.... y destrozada. – No ha pasado nada.

- ¿Ah, no? – le contestó, sarcástico sin poderlo evitar. Se acercó a ella. – Entonces ya me dirás tú sino... – le miró, con decisión, a pesar de que hacerlo le dolía en el alma.

Ran se abrazó más fuerte, dolida. Sentía la zona de las rodillas húmeda por las lágrimas que aun derramaba.

-Si... si hubiese pasado... algo no... no estaría así.

Conan no dijo nada. ¿Qué podía decir?

“Parece que el mismísimo Zeus nos hubiese castigado al dolor solo por amarnos. ¿Eso estaba prohibido?” pensó, abatido.

Se sentó a su lado, en el suelo, también apoyado contra la pared.

- Ran... verás... como todo se soluciona. – le dijo, tratando de infundirle ánimos. Pero ni siquiera él mismo era capaz de creerse sus propias palabras. O tal vez si, pero la pregunta era ‘¿Cuándo?’

-No... no lo hará.- volvió a sollozar.

“Estamos condenados”

Apoyó la cara en Conan, buscando protección de alguna manera. Se sentía tan indefensa... sentía como si su fortaleza se hubiera desmoronado.

Aquel contacto hizo que Conan se estremeciese, ligeramente. De los ojos de ella no dejaban de salir lágrimas, frías, que ahora iban a parar a su hombro, haciendo que el chico se sintiese mal, como si con cada lágrima que ella derramaba se desprendiese un trocito de su alma.

-Ran...- murmuró.- Ten... confianza. Seguro que se arregla. Al final todo se arregla...

¿Por qué se sentía tan culpable? Como si él fuese el único acusado de un crimen que se le venía grande, como si no pudiese cargar el sólo con las culpas pero no quisiese permitir que nadie más lo hiciese.

Ran no contestó, ya no era capaz. Estuvo llorando un rato más, abrazada al niño, hasta que las lágrimas se secaron. No sabía si por el sueño o por el hecho de haber estado llorando tanto rato, pero se quedó profundamente dormida.

¿Por qué? ¿Por qué él no podía hacer como ella? Simplemente dejarse caer, así, tan fácil. ¿Por qué él no podía derrumbarse? En momentos como ese Conan no podía evitar pensar en que sólo él tenía las culpas.

Acomodó a Ran en sus piernas, intentando que pudiera dormir mejor. Después de unos angustiosos minutos para el chico, Ran se había quedado dormida, abrazada a él. Con dificultad, se quitó la chaqueta, tratando de no molestarla, y se la puso sobre sus hombros. El frío de la noche entraba por la ventana, que nadie se había preocupado de cerrar, y la luz de la luna iluminaba la habitación.

-Algún día... estaremos juntos. Te lo prometo.- le murmuró, sabiendo que estaba dormida. En un acto reflejo sus manos empezaron a juguetear con el pelo de la chica, acariciándolo, deslizándolo entre sus dedos. Desprendía un olor agradable, ese olor que a él tanto le gustaba y que, inevitablemente, activaba sus sentidos. Se dio cuenta en aquel momento de lo cerca que estaba de Ran. Necesitaba tocarla, como aquel día había podido hacer. Con suavidad, su mano rozó la mejilla de la chica, secándole las lágrimas que ninguno se había molestado en retirar. Sus ojos la contemplaban, con infinito cariño, parándose en cada una de sus facciones que para él eran simplemente perfectas.

Sin saber cómo, el chico había ido acercándose lentamente, sin darse cuenta, a la chica. Cada vez más cerca. Cuando se quiso dar cuenta ya estaba a escasos milímetros de su cara. Su respiración se volvió entrecortada. ¿Cómo había llegado a aquella situación? Sin embargo no podía evitar pensar que le gustaba estar así, tan cerca de Ran. Sin dudarlo, los labios del chico se posaron en los de ella, en un suave beso. Conan se apartó, avergonzado... ¿Qué demonios estaba haciendo? Por suerte, Ran parecía que seguía durmiendo. El chico suspiró, rogándole a su corazón que se tranquilizase. No debía haberlo hecho pero, no sabía por qué, en esos momentos se sentía mejor.

Los dedos de Ran se extendieron momentáneamente, como si quisiera coger algo. Había sentido aquellas palabras, aquel tacto, aquel beso... pero al estar dormida, no podía más que en el futuro pensar que habían sido parte de un sueño. Sólo murmuró algo en sueños, que luego no recordaría.

-Shinichi... Conan... no me dejes.- murmuró, con voz aguada.

- Estoy aquí, ¿es que no me ves? Nunca te he dejado, ¿por qué iba a hacerlo ahora? – le contestó en voz baja, aun sabiendo que ella estaba dormida y que, aunque le escuchase, seguramente no se acordaría, o pensaría que solo era un sueño. – Te amo, Ran. No quiero que lo olvides. Nunca. Volveré, te lo prometo. Y estaremos juntos, de una vez por todas.- Conan estaba decidido. Tenía que decirlo, ahora que podía sentirla tan cerca... Sus manos continuaban acariciándole el pelo, inconscientemente.



Fue la alarma del móvil de Ran quien los despertó por la mañana. Cuando se paró, Ran abrió levemente los ojos, para luego volverlos a cerrar. Era extraño, pero se sentía segura ahí, apoyada en Conan. ¿Tanto le había afectado aquel derrumbamiento para aferrarse de aquella manera al niño? Pero no era capaz de levantarse.

Conan despertó, un poco sobresaltado. Al final había caído en aquella especie de sueño ligero. Se había pasado el resto de la noche a un paso entre la consciencia y el sueño. A cada rato cerraba los ojos, rendido por el sueño, pero luego se despertaba de nuevo, en parte por el frío y en parte porque no quería dormirse. Había velado el sueño de Ran, cuidando de que ella estuviera bien.

-Ran... – murmuró, en cuanto vio que la chica abría los ojos.

-No le digas a nadie... por favor.- pidió. Se sorprendió al escucharse a si misma en ese tono tan débil, como si el sueño no hubiera ayudado nada a calmarla.

Si le pedía eso no era por otra cosa que por no preocupara a nadie. Se irguió despacio y, al darse cuente de la chaqueta que le tapaba los hombros, susurró, devolviéndosela:

-Gracias.

-D-de nada.- le dijo, levemente sonrojado.- Es que... hacía frío.- intentó excusarse, sin saber muy bien por qué.

Habría sonreído si hubiera tenido fuerzas para ello. Se levantó torpemente, y miró hacia fuera.

-Tenemos que ir a clase...- dijo, intentando volver a la normalidad

-Tú no vas.- le dijo Conan, tajante y decidido. No podía permitir que fuera a clase, no en ese estado.- Hoy no vas a ir a clase.

-Tengo que ir – replicó. No es que le apeteciese ir, pero no quería quedarse en casa sola -. Hoy tengo examen de Matemáticas y...

- No.- le volvió a decir.- ¿Te crees que te voy a dejar ir así? – le preguntó, mirándole a los ojos que tenía hinchados de tanto llorar.

-Por favor... yo no... – intentó decir, pero luego enmudeció. Sabía que Conan tenía razón, pero... no quería quedarse sola.

Conan sonrió para infundirle ánimos.

-Volveré tan pronto acaben las clases, no te preocupes. – le dijo. Ese día Kogoro tenía unos asuntos pendientes e iba a estar fuera todo el día. Conan lo sabía, y tampoco quería dejar a Ran sola en casa, pero... no podía dejar que fuera a clase.

-Está bien.... – accedió Ran, aunque no le gustaba la idea.- Me quedaré... – se calló un momento, intentando pensar - . Gracias de nuevo, Conan – murmuró, al fin.

-No pasa nada.- le contestó, en voz baja. Miró el reloj.- ¿Subimos? El tío debe estar a punto de levantarse.

El chico salió de la oficina sin esperar respuesta. A él tampoco le apetecía ir a clase, pero no podía quedarse. No era capaz de soportar la triste mirada de Ran.









Siento el pedazo tochooon!!! XD Pero me hacía ilusión ponerlo, no sé por qué, XDD



Ale, empiecen a disfrutar del ISR... iré poniendolo por fascículos XD



Se despide aqui la Papa del rolismo, Ireee!! (o Angel_Ran o la que maneja a Conan, Conan, Shinichi y Yuki XD)



Venga, bsss!! Alabado sea el Rol! XD





(8)Þë®ø §ø¥§ vø§, m¥ åmåntë, m¥ ®øl, m¥ d®øgå, å lå çüål åd¥çtå ë§tø¥(8)

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